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El 8 M es un día mundialmente celebrado de todas las mujeres del mundo. Hoy merece la pena celebrar por la mujer de hoy, por las que estamos, por las que ya no están y por las mujeres desde los inicios de los tiempos.

Como educadora social en residencias de personas mayores, hoy creo que merece la pena conmemorar el papel de nuestras mujeres mayores en la histórica lucha de la mujer. Han marcado historia. No solo por aquellas que lucharon de manera activa por la transformación de nuestra sociedad. Sino aquellas también que han cargado sobre sus espaldas el peso de historias ocultas y silenciadas marcadas por el patriarcado.

Las historias que las usuarias de residencias de mayores han compartido conmigo son innumerables pero todas llenas de fuerza y coraje. Desde aquellas primeras mujeres que en España soñaban con construir una carrera profesional exitosa en un ámbito empresarial conquistado por los hombres. Hasta aquellas que pusieron el corazón en trabajos precarizados por su género. Aquellas que cargaron con una triple jornada: la laboral, la familiar y la lucha activa política. Algunas de ellas aprendieron a leer para poder aprender a conducir o gestionar sus cuentas bancarias tras la viudez. Mujeres inmigrantes. Pero, desde luego, todas ellas son un ejemplo vivo de que la lucha de la mujer no tiene límite de edad y que el coraje y la valentía no se pierden con el tiempo.

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Con sonrisas y radicalidad todavía hoy comentan con las trabajadoras, y entre ellas, las batallas que llevaron para poder hacer las múltiples cosas que en aquel momento iba en contra del ideal social predominante. Son historias de lucha llenas de valentía y radicalidad que hoy cuentan con orgullo. Por todo lo que consiguieron romper, aunque fuera solo en su pequeño ámbito familiar, laboral o social.

Algunas de ellas comparten en momentos más íntimos, los maltratos por parte de sus maridos. Una de ellas fue empujada desde un segundo piso por su cónyuge. Y todavía sufriendo en las etapas más maduras de su vida las secuelas de aquel suceso me decía: “ojalá nosotras hubiéramos tenido las misma información, apoyo, oportunidades e ideas que vosotras” (refiriéndose con cariño al conjunto de trabajadoras jóvenes). Entonces yo la miro y le contesto: “Gracias a ti por tu lucha y ojalá yo algún día, cuando llegue a tu edad vea un cambio tan grande en las mujeres que pueda decirle lo mismo a la siguiente generación de mujeres que ocupen mi puesto”. Es tan solo una historia de tantas invisibles, que hoy también como mujeres debemos celebrar. Gracias abuela, hoy saldremos por ti y por todas nuestras compañeras.

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