La importancia de un 8M disidente

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En plena pandemia mundial, el 8M será totalmente diferente. Las feministas saldrán a la calle sin muchas compañeras que se han quedado en el camino. Faltan las que han muerto por la COVID-19, pero también faltan las asesinadas por el machismo, por el capitalismo, por el racismo, la transfobia y el capacitismo. Muchas compañeras que no van a poder estar en las calles porque están presas (en cárceles, CIES, psiquiátricos y residencias). También faltaremos todas las que tenemos miedo a salir por la situación de la pandemia y el odio, aunque sigamos luchando. 

Asimismo, se hace imperativo recordar el carácter de clase del 8M. Proclamado en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1910 como «Día de La Mujer Trabajadora«. En 1975, la Asamblea de las Naciones Unidas lo desposeyó de su carácter de clase, al proclamarlo como «Día de La Mujer» excluyendo el apelativo de «Trabajadora». Está despolitización ha quedado vigente hasta las últimas movilizaciones masivas en las que se ha olvidado que las mujeres obreras son las principales afectadas por el sistema patriarcal y capitalista. Y las más azotadas por la crisis económica que ha acompañado a la pandemia mundial. 

Este año la lucha feminista debe centrarse en avanzar en derechos para todas las mujeres. 

En primer lugar es necesario que apruebe finalmente la Ley Trans para garantizar la libre determinación de su género, la despatologización, el acceso al empleo y la protección contra todo tipo de discriminación. 

Por otro lado, las mujeres migrantes necesitan la derogación de la Ley de Extranjería. Y que se regularice a todas las personas migrantes de nuestro país, garantizando así su bienestar en una situación como la actual. 

Las trabajadoras sexuales necesitan la despenalización total. La eliminación de todas las ordenanzas que prohíban la prostitución, que sólo las pone en peligro mientras no se acude a la raíz del problema, el capitalismo. Así como la abolición de la Ley de Extranjería y de la Ley Mordaza y, fundamentalmente, alternativas laborales bien pagadas para lograr autonomía económica. 

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Para las discapacitadas, unas leyes para la dependencia que no solo piensen en quiénes dan los cuidados. Si no que ponga a las cuidadas en el centro para evitar volver a dinámicas capacitistas y paternalistas que nos dejan siempre a las mismas fuera de las esfera pública. Incluyendo hasta los propios espacios de acción política. 

Por otro lado, las leyes contra la Violencia de Género deben ser reformadas desde una óptica feminista que busque protegernos a todas y a nuestres niñes. Un maltratador nunca será un buen padre y debe prevalecer la seguridad de los menores y las víctimas. 

Y como no puede ser de otra manera en el Día de la Mujer Trabajadora, debe volverse a la vista sobre las sanitarias, las trabajadoras de los supermercados, las temporeras, las cuidadoras, y a todas las empleadas en servicios esenciales en su mayoría feminizados. También tener en cuenta a las afectadas por los ERTEs. Las que han vuelto a la esfera doméstica a hacerse cargo de los niños renunciando a sus trabajos a diferencia de sus maridos. Son urgentes las medidas políticas para hacer frente a este recrudecimiento de la brecha salarial así como el reconocimiento de las labores feminizadas. 

Todas estas medidas son de carácter urgente y reformista. Con lo que no conviene perder de vista que sólo una auténtica revolución que acabe con el sistema capitalista y patriarcal desde los cimientos, a través de la socialización no sólo de los medios de producción sino también de los cuidados y de la completa redistribución de la riqueza. La pandemia no ha hecho más que hacer más profunda las grietas de un sistema económico que se está haciendo añicos a expensas de las mas vulnerables. 

Este 8M salimos a las calles o a las redes sociales para luchar por todas las mujeres, porque todas merecemos ser libres y estar a salvo. Este 8M que se va a criminalizar hagamos lo que hagamos, dejémosles claro que seguimos aquí y seguimos luchando. Porque la revolución no se hace, sino que se organiza.

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