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Desde hace un tiempo nos llegan noticias de EEUU de todo tipo. Que si la bronca de Biden y Trump, que si este último se ha contagiado de COVID-19 y hay un brote en la Casa Blanca…

Esto último parece que es lo único que se habla. Cómo si el principal problema es cómo combatir la enfermedad en la principal potencia y no tuviese otros intereses. No es así, no es tan simple. Desde aquí no se puede entender toda esa división con el impeachment y la bronca política.

En definitiva, la superioridad militar o el “primus inter pares” en que hay pactos y concesiones, pero no se cuestiona la hegemonía.

Nos encontramos con una superpotencia que tiene que gestionar el ocaso imperial. La ofensiva con los golpes blandos en Iberoamérica genera escollos como podemos observar en Argentina ha vuelto un gobierno antihegemonista o en Chile y Bolivia con las movilizaciones populares. China no para de crecer.

La línea Trump ha conseguido una serie de victorias y se puede ver cómo ha doblegado a Europa, pero no ha logrado revertirlo. Y tanto él como Biden representa a sectores de la oligarquía financiera yanqui. La línea Trump busca que EEUU sea el gendarme del mundo y la línea Biden es la hegemonía consensuada. En definitiva, la superioridad militar o el “primus inter pares” en que hay pactos y concesiones, pero no se cuestiona la hegemonía.

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Este, y no otro, es el principal problema. ¿Cómo gestionar el ocaso? Obviamente cada línea tiene sus diferencias. El candidato republicano propone romper las costuras de Europa y promueve el Brexit o la extrema derecha, mientras que el candidato demócrata no le interesa degradar Europa hasta esos límites. Ahora bien, también tienen parecidos. Ambos están de acuerdo en que hay que detener el ascenso chino.

Ahora que se viene una crisis económica, van a cargar su deuda y pérdida sobre los eslabones más débiles de la cadena imperialista. La pandemia les ha pasado una gran factura y su PIB se ha contraído un 5% con la estimación de que se reduzca al 6,5%. Salga el presidente que salga, van a hacer lo mismo que en todas las crisis. A mayor dependencia, mayor será el riesgo.

Ahora bien, también tienen parecidos. Ambos están de acuerdo en que hay que detener el ascenso chino.

Independientemente de esto, también se enfrentarán a unos pueblos y países del mundo que se resisten a sus proyectos. Lo que nos corresponde a todos los revolucionarios y personas progresistas es unidad para enfrentar a sus proyectos y luchar por la soberanía nacional.

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