Sin jóvenes no hay pensiones

Suena la alarma y la Joven Persona se pone en pie, primero con el izquierdo para retar a la suerte, luego con el derecho para enseñar que es fuerte.

Hoy es día de mani y armada de palabras gritará las de ayer y hoy para que resuenen en todos los mañana.

La Joven Persona gusta de sí misma, es un espejo de quien es y al verse al espejo ve lo que siempre quiere ser. Pero hoy añade marcas a su cara: dos líneas verdes y dos líneas azules. Los colores que correrán hoy por las calles.

La Joven Persona coge un taco de folletos y un rollo de tela. Los empaca en la mochila y sale.

  • ¡Ey! ¿nos vemos luego?

La Joven Persona se da la vuelta para ver a su Mamá y le responde emocionada con una sonrisa.

  • Sí, ¡te quiero! – contestaba mientras salía por la puerta.

Sale de casa rumbo a la plaza donde le esperan sus amistades y juntar sus voces para ser oídos incluso en el más alto edificio que imagines.

Al llegar, los pocos que estaban en la plaza recibieron a la Joven Persona con esperanza, y aún quedaban muchas más personas por llegar. Juntos levantaron un puesto informativo en un lado de la plaza. Con un gran candado azul con las siglas MERP. Se veía el candado desde todas partes. La Joven Persona cogió un puñado de folletos para repartirlos en la plaza.

  • ¡Oye Personita! ¿Qué es ese candado? – preguntaba una mujer desde la distancia.
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La Joven Persona se acercó a la mujer ofreciéndole un folleto. Y le explicaba:

  • Estamos luchando para proteger las pensiones. Todas las pensiones. Que se blinden por todos los medios. Incluso en la constitución. También…

La mujer la interrumpió con una risotada de incredulidad, hasta de burla.

  • Pero si eso es una tontería… eres muy pequeña para eso. Iros a jugar o a quejaros de lo que os toque. Que esto es para otra gente. No cosa de niñas.

La Joven Persona se sintió aturdida “¿Por qué se ha reído? ¿Acaso he dicho algo mal? ¿Me he equivocado? ¿O es que no me he explicado?” se preguntaba, confusa, en una fracción de segundo. No sabía por qué se rio. Pero tenía que responder. Creía en su labor. Se aclaró rápido las ideas y se enderezo para hablar.

  • ¡Pero mujer! ¿cómo me dices eso? Pues claro que juego. Y claro que estudio y me quejo cuando algo me molesta. Y me quejo cuando quieren hacer negocio con las pensiones. No quiero que se las regalen a los bancos. Quiero que sean dignas y justas para todas. Y que sean siempre públicas y seguras.- Dijo la Joven Persona bastante nerviosa.
  • ¡Anda ya con ese cuento! Os gusta solo culpar a los bancos. Dejad las pensiones como estás que ya están suficientemente mal. Y vete a jugar, que esto es de mayores.

La Joven Persona estaba ofendida. Se sentía ofendida y menospreciada. Se puso tensa y nerviosa. Pero tenía que responderle algo.

  • ¡Oiga…! – gritó, pero se quedó muda de repente viendo acercándose Mamá.

La mujer, que no sabía por qué se había callado la Joven Persona, la miraba confusa y dio un pequeño saltito del susto al oír la inesperada intervención de Mamá.

  • Y juntos, mayores y jóvenes, tenemos más fuerza y voz – decía Mamá a la mujer, mientras se paraba junto a la Joven Persona, que estaba aguantándose la risa por el pequeño sustito de la mujer- Y aún más contigo. Y claro que las pensiones están mal, por eso estamos aquí. Ni siquiera son realistas para sobrevivir. Aunque afecte a los mayores. No podemos conseguir cambiar si no nos unimos todas.-La mujer se quedó sin palabras ante la firmeza de las palabras de Mamá.

Mamá da una palmada de ánimo a la Joven Persona, que consigue calmarse. Se acerca de nuevo a la mujer. Le ofrece un folleto a la mujer que, ya no tan incrédula sino curiosa, lo coge sin pensar. Y sigue la Joven Persona.

  • Queremos que las pensiones se protejan en la Constitución. Que ningún gobierno las pueda recortar ni privatizar. Que sean dignas y justas para todos. Y que lo sean de verdad y para siempre. Que no se rían de las pensiones.

La Joven Persona se quedó mirando a la mujer. De quién tenía toda su atención. Y siguió contándole.

  • Luego estaremos en la mani. Y…- se quedó un momento dudando- si lo quieres saber, después de la mani estaré con mis amistades, quizás no jugamos a nada, pero igual haremos algo. Fíjese para todo lo que da un día.

Se despidió con una sonrisa y se dio la vuelta, pero justo recordó una cosa más.

  • ¡Ah! El Candado Azul es el candado de la MERP. Es la mesa para blindar las pensiones en la Constitución. Con más de 300 organizaciones que la integran y muchas personas más. Recuérdalo cuando lo veas por tu barrio o en las redes- termino diciendo la Joven Persona muy animosa. Y veía como la mujer miraba el candado azul de su folleto.

Volvió a la mesa viendo que había llegado más gente. Saco el rollo de su mochila y lo que extendieron para que fuera bien visible.

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