Rebeldes de la historia: Conflicto patricio-plebeyo

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Este conflicto no es tan famoso como las grandes rebeliones de esclavos, pero marcó a la república romana desde prácticamente su inicio. La llevó a una evolución muy diferente frente a otras repúblicas aristocráticas de la época, con consecuencias que nos siguen afectando a día de hoy. Con este artículo queremos mostrar que la lucha de clases no tiene que ser exclusivamente rebeliones y hechos sanguinarios, sino también (y, sobre todo) la lucha día a día por sus derechos de la mayor parte de la población.

La antigua Roma se dividía en dos clases sociales principales: Patricios, es decir, la aristocracia, con derechos de ciudadanía; y plebeyos, el común de la población que vivía dentro de los muros de la ciudad, pero no eran ciudadanos. Tras la expulsión de la monarquía los primeros se habían arrogado el derecho a gobernar. Los plebeyos tenían nula participación política en un estado en expansión en el que ellos componían la base de la economía y del ejército, a lo que había que añadir que muchos acababan arruinados por las deudas y convertidos en esclavos como pago. Algo más de una década tras la instauración de la república, en el 494 A.C. el descontento de los plebeyos estalla.

Pero no lo hace en la forma de motines violentos, ni siquiera de protestas. Lo que hacen los plebeyos es abandonar en masa la ciudad y asentarse en el cercano Monte sacro, donde forma su propia ciudad paralela. De repente los patricios se dan cuenta de que nadie produce nada. En la ciudad no hay ya alimentos, ni tiendas, ni artesanía, ni absolutamente nada más que una ciudad fantasma. A esta especie de huelga se la denominó “la secesión de la plebe”.

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La primera reacción de los patricios fue tratar de hacer volver a los plebeyos por la fuerza de las armas. Pero estos conformaban el grueso de las tropas y derrotaron a los patricios con facilidad. Ante esta situación la clase senatorial, las familias de más alta alcurnia de Roma, trataron de obligar a los equites, la pequeña nobleza, a realizar las tareas que correspondían a los plebeyos.

Los equites, que ejercían en el ejército como caballería y en la sociedad como una suerte de pequeña burguesía en ciernes, no estaban en absoluto dispuestos a ver como sus privilegios desaparecían de un plumazo. Comenzando así una serie de altercados violentos entre ambas clases de patricios. Viendo que la situación era insostenible finalmente los patricios envían embajadas y permiten la condonación de las deudas y la creación de una institución política exclusiva de la plebe. El concilio de la plebe, que tendrá dos representantes, los tribunos de la plebe, en el senado, y cuya inviolabilidad está garantizada.

El éxito de la secesión hace que estas se sucedan a lo largo de la república. Se dan más secesiones en los años 449, 448, 445, 409, 367 y 300 A.C. En todas ellas los patricios van cediendo derechos: desde los matrimonios mixtos entre ambas clases; hasta el acceso a todos y cada uno de los puestos del senado. Para finales de la república las diferencias a nivel legal entre ambas clases habían desaparecido. Todas estas conquistas irán definiendo el derecho romano, por el que aún nos regimos en gran medida en la actualidad.

La lucha de los plebeyos demuestra que, si el pueblo se pone en huelga y deja de producir, las élites se encuentran atadas de pies y manos, y empiezan a comerse entre ellas hasta claudicar. Un pueblo concienciado puede empezar, al igual que hicieron los plebeyos, a reclamar derechos que a la larga llevan a la desaparición de un sistema injusto. Aun así, debemos ser conscientes de que esto no significó que desapareciese la diferencia económica, ni la existencia de una sociedad de clases. Los años finales de la república verán amargas luchas por una reforma agraria que dé tierras a los campesinos y la lucha de los pueblos itálicos por conseguir la ciudadanía romana. Por progresista que sea una reforma la sociedad nunca cambiará de raíz mientras las clases dominantes sigan siendo las que detentan el poder. Incluso aunque acepten compartirlo.

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