DESDE LOS MÁRGENES, SER TRANS EN ÉPOCA DE PANDEMIA

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Este artículo no habría sido posible sin el trabajo de divulgación de Poder Migrante o Sindicato Otras.

Quedarse en casa es un privilegio.

Desde el “Quédate en casa” hasta hoy, que ya se puede salir a ver a tus amigos, ha pasado mucho tiempo. Quedarse en casa es un privilegio, por lo menos en ese estado de alarma que se le ha puesto a todo el país y que nos  ha mantenido conectados con los nuestros mediante videollamadas y donde todos hemos parado de una forma u otra nuestras vidas. 

Un confinamiento no es ni la mitad de agradable de lo que han sido los confinamientos a los que nos hemos visto abocados por la Covid. En los centros de salud mental, las formas son distintas, partiendo de la naturaleza involuntaria del ingreso, la incomunicación o el aislamiento forzado. Aquí, en estas situaciones, el mundo sigue y eres tú quien para.

No han faltado desde el primer momento del estado de alarma,  psicólogos dando consejos para sobrellevar el encierro y concienciando de la importancia de la salud mental. En la vida de las personas lgtb, los efectos del  mismo es mayor que en las personas cisheterosexuales, cuyo género corresponde con el asignado al nacer y que se sienten atraídas por las personas del género contrario. 

La comunidad lgtb, según un Informe de la UB “50+LGTB”, es más propensa a sufrir depresión o tensión. Mientras que la cifra de personas cishet con tensión es de un 14’5%, entre las personas lgtb es de un 33’8%. Los casos de depresión en las personas cisheterosexuales se sitúa en un 12’5% y es de un 29’3% en las personas lgtb. La autopercepción de ansiedad o depresión crónicas también se diferencian: un 17’3%  (lgtb) frente a un 12’5% (cishet). Dentro del propio colectivo, los casos de ansiedad y depresión, son diagnosticados entre un 10% y un 16’7% en personas lesbianas y gays y entre un 25% y un 37’5% en personas trans y bisexuales.

Estos porcentajes no son nada sin su contexto: las personas trans confinadas en sus casas, pueden vivir situaciones difíciles: como son los actos de transfobia interiorizada de los miembros de la familia. El negar la identidad de la persona puede generar en ella un estado prolongado de tensión o ansiedad por el no querer equivocarse y utilizar unos pronombres que le puedan ocasionar algún acto despectivo. El constante cambio de nombre o pronombre por la adaptación a la unidad familiar o las amistades puede ocasionar en la persona estrés o ansiedad. En las personas bisexuales, la negación de su orientación por parte de la sociedad es una constante y la carga de los prejuicios pueden ocasionar cansancio o ansiedad, por el no respeto a su identidad.

Ya fuera de casa, la exclusión sigue latente: hubo ataques lgtbifóbicos uno cada dos días en la capital madrileña en 2019. Aparte de las agresiones callejeras casi diarias en toda España, la exclusión laboral es un hecho:

El paro general español es de un 15%, mientras que entre las personas lgtb, el paro no baja de un 30% y según la FELGTB es de un 80%. Dentro de las personas trans suele ser mayor y es más verosímil el 80%, como dice la FELGTB, así que muchas de ellas se ven abocadas al trabajo sexual en la calle.

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“Ley de seguridad ciudadana”, criticada por el gobierno, pero en uso.

Y en este contexto de pandemia y estado de alarma, la situación de las trabajadoras sexuales no es nada fácil. Las vidas de las trabajadoras sexuales son igual que la de todos nosotros, si vives de alquiler o de hipoteca, necesitas trabajar para poder ganar dinero y sobrevivir en esta lógica capitalista. 

En esta etapa actual de estado de alarma hay una vigilancia especialmente palpable en las calles. El trabajo sexual de calle es prácticamente imposible y muchas, por protección, han estado sin trabajar ya que tienen que preguntarse qué va antes, ¿su salud o su techo?. Y muchas han elegido antes lo primero. Aun así han llegado iniciativas colectivas que promueven las posturas que se han divulgado en el llamado coronasutra.

Si trabajan, teniendo en cuenta que hay muchas de ellas que son migrantes sin papeles, tienen el peligro de que las detengan o multen con el apoyo de la no derogada “ley de seguridad ciudadana”, de la que está haciendo uso el gobierno de España y que tanto criticaron en el momento de su ejecución en los  gobiernos del PP. Esta situación la analizamos desde un privilegio blanco, hasta aquí hemos hablado de personas trans blancas con dificultades económicas. 

Pero la situación de las mujeres trans migrantes o en sí de las personas migrantes es de las más difíciles en épocas de pandemia. La calle se ha revelado como un lugar hostil para ellas: habiéndose disparado de forma abrupta las denuncias a policías por detenciones de carácter racial. 

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Según la persona, ya no importa el “Quédate en casa”.

Antes de la pandemia si eras detenido y no tenías papeles, se procedía a la deportación, después de pasar por los CIEs. Esos centros de internamiento de extranjeros, han sido vaciados en época de pandemia. Después de los intentos del ministro de Interior por la continuidad de deportaciones en medio del cierre de fronteras y la posterior negativa exterior, se optó por vaciar los CIES con intención de reabrir en cuanto se pueda deportar. De esa manera se ha dejado a cientos de inmigrantes y a 800.000 personas sin papeles en las calles, según la persona, ya no importa el “Quédate en casa”.

Y así estamos en esta situación, los inmigrantes no regularizados están sin nada y además solos. Las ayudas sociales no son para ellos, y necesitan dinero si quieren una casa para protegerse del virus, o simplemente, vivir dignamente. Los trabajos a los que pueden optar son los más parecidos a la esclavitud, como puede ser la recolecta de fruta o los temporeros. No hubo relatores internacionales suficientes para hacer reflexionar al gobierno, los casos de abuso en éste ámbito laboral quedan impunes y la situación de vida es insalubre, haya pandemia o no.

Sin contar el despropósito de los campos de refugiados y el riesgo al que están sometidos  por la salubridad brillante por su ausencia. 

Esta pandemia ha sacado a relucir las bases del capitalismo que son: la desigualdad, la pobreza y la exclusión. Una exclusión siempre criminal y asesina que en estos tiempos se está convirtiendo en genocida.

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